El jueves tuvo lugar una de esas noches en que la felicidad es tal que duele. Todo parecía indicar que sería una cena más para este grupo de reciente creación, pero nada más lejos de la realidad. En ese momento fui plenamente consciente de que había empezado el principio del final, de hecho creo que todos lo fuimos, y eso hizo que nos fuéramos a casa con una mezcla de sensaciones tan intensas, tan nuevas y tan desconcertantes que, al menos en mi caso, hicieron que esa noche fuera difícil.
Nicolás, conseguiste emocionarnos. Convertiste una cena más en el Carlo Menta, en una "serata alla grande". No sabes cuanto me alegro de que, hace cinco meses, me soltaras un "menuda Torre de Babel es todo esto" (que en ese momento no entendí...). Las conversaciones contigo siempre son diferentes, sorprendentes, y no sé si eres consciente de ello, pero tu entusiasmo por todo se contagia. Te has convertido en un referente, porque yo de mayor quiero ser como tu.
Fue duro sentir que me llenáis tanto, pero que nuestro momento aquí se acaba. Nunca hubiera podido imaginaros cuando proyectaba lo que sería todo esto, porque como suele pasar, la realidad lo supera todo. La vida, el destino, me ha obsequiado con la compañía de las personas apropiadas para recorrer este tramo del camino. Cada momento con vosotros ha sido único, intenso, estimulante... Habéis sido mi familia en Roma, mis amigos, mis consejeros y mis guías. Os habéis convertido en las patas de mi mesa. Y ahora es cuando me pregunto, ¿que haré sin teneros en mi vida "ogni giorno"?
Os echaré muchísimo de menos, muchísimo... Y ésto también será una lección, porqué nunca lo he vivido antes. Me gustaría pensar que cada uno de nosotros seguirá siendo una pieza clave para reconstruir lo que habrá sido Roma para nosotros. Para reconstruir nuestra Roma. Porqué aunque la ciudad se quede aquí, el tiempo avanza, y esta ciudad nunca más volverá a vivir nuestro momento, un momento que ya para siempre será nuestro pequeño tesoro.
Habéis sido, sois y seréis mi Roma.







